La felicidad no es la misma para todos. Cada uno de nosotros tiene su propria definición. Y quizás por esta razón es difícil medirla. Aún así los estudios científicos han demostrado que la felicidad se puede observar en forma de ondas cerebrales gamma.
La felicidad ha sido una de las preocupaciones de los grandes filósofos, comenzando por Platón, Sócrates, Séneca y Epicuro y sigue siendo una preocupación hoy en día, se trate de psicología, neurociencia, etc.
Lástima que los intentos de los grandes clásicos de explicar la felicidad solo quedaron en unos libros, muchas veces al alcance de pocos (sea por la pereza, sea por otros razones) y por tanto no tuvieron el impacto que pudiesen haber tenido ni la conexión con el mundo que nos toca vivir.
Aún así, un filósofo de nuestros tiempos, Allain de Botton, rescató la sabiduría de los grandes clásicos, e insistió que por muchos siglos que hayan pasado, la clave de la felicidad sigue en las manos de los filósofos clásicos. Al principio de este blog, hablé precisamente de esto, la filosofía me consuela y me ayuda a sobreponerme a las dificultades, del tipo que sean.
Para Epicuro la fórmula para conseguir la felicidad consistía en promover la amistad, la libertad y la reflexión a partes iguales. Prefirió por tanto vivir en una comuna para no seguir ordenes de superiores, aceptando un tipo de vida sencillo junto a sus amigos. Acostumbraban a comer juntos, conversar y reflexionar sobre la vida. La reflexión resultó ser una de las mejores herramientas para combatir la ansiedad. La razón se convirtió pues en el elemento primordial del pensamiento occidental y de nuestra actual concepción de la felicidad.
Por otro lado, y contrariamente a la concepción de la felicidad en la cultura occidental, nos encontramos con la meditación oriental, que va en contra de buscar la felicidad en sensaciones placenteras, ya que éstas dependen de circunstancias externas. La felicidad en este caso consistiría en ser invulnerable a las condiciones externas. La meditación sirve para cultivar la mente, que en consecuencia, desarrolla cualidades como la libertad interior, la paciencia y la humildad como antídotos a adicciones, a la ira y al orgullo. Según este concepto, la mente determina nuestras experiencias. No obstante, la mente se puede cultivar mediante la meditación para dejar de ser una fuente de sufrimiento. El saber oriental propone cambiar la razón por la compasión.
La neurociencia ha querido asimismo ofrecer sus respuestas a esta gran pregunta: ''¿Como se puede ser feliz?
Y aquí se unen la razón occidental con el saber oriental. Tal como mencioné en el ''post'' sobre inteligencia, que ésta se puede desarrollar, la mente puede modelarse, cultivarse utilizando técnicas concretas. El cerebro es pues plástico ( DR. Richard Davidson, EEUU). Puede crear nuevas conexiones o reforzar las ya existentes mediante acciones internas ( reflexión, meditación) o externas ( acción). La capacidad para sentir empatía ( capacidad de entender como se sienten los demás), por ejemplo, se puede entrenar e incluso aumentar.
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